Ficha película

Título:
A todo Gas
Director:
Rob Cohen
Intérpretes:
Vin Diesel, Paul Walker, Michelle Rodríguez, Jordana Brewster
Calificación:
Crítica

La cultura occidental siempre ha tenido una especial veneración hacia el automóvil como producto de la sociedad industrializada, muestra impertérrita y trascendente de una de las mayores revoluciones tecnológicas de la humanidad, que sólo simboliza ya el dominio del hombre sobre buena parte de las distancias terrenas, sino que en muchos casos, también significa un cierto status, una cierta posición socio económica que denota una determinada personalidad. Por ello, el cine desde sus albores ha retratado en muchas ocasiones dicha pasión, trasladando el pulso y emociones del ser humano por la máquina a la gran pantalla. “Easy Rider”, y otras tantas cintas equiparaban además la fijación de la libertad al montar sobre los lomos de un caballo mecánico –o motocicleta- para cruzar un vasto país, de costa a costa –otra fijación de la cultura norteamericana-.


Extendiendo toda esta pasión a la juventud, a finales del siglo XX y en los albores del que estamos, ha nacido una nueva sub-cultura llamada “tunning”, y que consiste en modificar los vehículos normales sacados del concesionario para convertirlo en objetos muy “personales”, capaces de lograr las proezas automovilísticas de velocidad más increíbles. Toda esta introducción viene –no crean que están leyendo una revista de motor- a que la película intenta tomar el pulso a toda esta generación de jóvenes obsesionados con sus coches por encima de su propio bienestar, supeditando otras necesidades a las de su vehículo, al que convierten en poco menos que una nave espacial para chulear entre sus congéneres, que por cierto, cuando están aburridos se meten dentro de unos concursos de velocidad en medio de la ciudad realmente escalofriantes, con el mismo riesgo mortal de una ruleta rusa, que ahora gira en forma de llantas de aleación a trescientos kilómetros por hora.


Además de una cuidada estética de videoclip retocada por ordenador, y la música hip-hop, la película que nos ocupa no es más que una historieta adolescente bastante manida y lenta: la velocidad que consiguen los coches de los protagonistas es inversamente proporcional al ritmo del film, que se torna lento y aburrido siempre que los coches no corren, y la bien engrasada maquinaria de los motores turboalimentados de los vehículos, es lo opuesto a la maquinaria de la película, que se atranca y gripa cada dos por tres, y que no sólo no tiene dieciséis válvulas, sino que encima, es Diesel y va muy lenta. Desgraciadamente, todavía mucha gente piensa que los jóvenes sólo piensan en vivir rápido, morir joven y tener un cadáver bonito, pero es que los rebeldes ya tienen causa: su propio coche.


Federico Casado Reina



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