Ficha película

Título:
Matrix Revolutions
Director:
Wachowsky Brothers
Intérpretes:
Keanu Reeves, Carrie-Ann Moss, Laurence Fishburne, Hugo Weaving,
Calificación:
Crítica

Aunque se rodó a la vez que la segunda parte —como «sucedió con «El señor de los anillos»—, las exigencias de marketing de una de las más rentables
franquicias cinematográficas de Hollywood impusieron un año de espera, en la presuntamente apoteósica conclusión de una aventura comenzada hace cuatro años, cuando a dos hermanos —directores y guionistas ellos— algo gamberretes, se les ocurrió mezclar música techno, ropa de diseño, algo de la filosofía «cyberpunk» de William Gibson, y las películas de acción de Hong Kong para realizar la original primera parte que conmocionó al mundo del cine. Tal y como dice la publicidad del film, «todo comienzo tiene su fin», y ésta ha sido la conclusión absolutamente definitiva de una saga que ha ido de mal en peor, hasta expirar definitivamente.
La gran pena, es que si bien la estética y los apabullantes efectos especiales eran más o menos tolerables en la primera parte, porque el guión no chirriaba demasiado, y en la segunda parte aburrían porque sencillamente no había guión o era demasiado confuso, en la tercera parte el barullo argumental llega a tal nivel de infantilismo que aburre soberanamente. Es de justicia reconocer unos apabullantes efectos visuales, pero quedan realmente vacíos al poco tiempo, y parecen haber sido colocados en esa secuencia sencillamente «porque quedaban bonitos». Al haber combinado tantos elementos argumentales preexistentes, parece que los dos guionistas y directores de han quedado sin imaginación para generar un argumento nuevo,
sólido y que hiciera avanzar la historia, agarrándose a un clavo ardiendo para resolver una encrucijada dramática de manera demasiado arbitraria —y dejando cabos sueltos por doquier, cambiando el tono y las reglas que estas propias películas han establecido, que dejaban todo mascadito y bien mascadito—. Incluso la parábola de la libertad personal frente a un poder
superior que es capaz de controlar al ciudadano queda relegado a un segundo plano, primando la importancia de unas secuencias visualmente impactantes, que intentan justificar lo injustificable argumentalmente.
Olvidándonos de la moda estética o musical que hayan podido imponer estas películas, este ha sido sin lugar a dudas el final de «Matrix», además de porque supone la conclusión de la saga, por lo funesto de su resultado, que la ha defenestrado completamente, sin posibilidad alguna de resurrección.
Claro que en Hollywood, igual el número de ceros en el cheque puede arreglar los ordenadores, a Neo, a Morfeo y a todos los que se pongan por delante, por muy atrasados que se hayan quedado y hayan renegado de «Matrix».


Federico Casado Reina



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