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Todavía permanece la estela dejada en su paso por el último Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, y su nominación a los Oscar para la mejor película extranjera son tarjeta de presentación suficiente como para que nos paremos ante este film. Y debemos pararnos, porque en su primero largometraje este realizador nos ha ofrecido una obra compleja, de barroca concepción visual, pero de contundente significado, tratado con la objetividad de un documental de lo más imparcial, pero con la misma visceralidad de un informativo televisivo.
Con el pretexto argumental de los perros, y las relaciones que éstos tienen con los humanos de una gran capital -en este caso, la babilonia de México D.F., una locura donde conviven desde las clases más privilegiadas económica y socialmente, con el lumpen más bajo de la sociedad, todos ellos imbuidos de una locura urbana pocas veces explicitada con tanto acierto en el cine-, el director logra trazar un hilo argumental tan sólido como si estuviera trenzado de acero, mezclando las líneas narrativas caprichosa, pero justificadamente, para hacernos trazar una mirada a la futilidad del destino, acaso aún más caprichoso si estamos en la vorágine de una capital -como dijera uno de los personajes “si quieres oir reir a Dios, cuéntale tus planes”-. Un joven de baja extracción que está enamorado de su cuñada y que tiene un perro que lucha en peleas, el romance entre un adinerado editor casado y una top-módel y la vida de un asesino a sueldo son los tres poderoso focos argumentales sobre los que gira una acción realmente bien establecida, que nunca aburre al espectador salvo quizás en la última historia, que se prolonga innecesariamente, centrándose en detalle superfluos.
Aunque el film tenga un cierto carácter experimental, en cuanto al tratamiento narrativo del espacio y el tiempo -al estilo de “Reservoir Dogs” o “Pulp Fiction”- la forma de articular dicha narración es del todo acertada, con demoledoras secuencias de una realidad estocástica que recuerda a las “Vidas Cruzadas” de Altman, solo que de una forma mucho más salvaje, mucho más auténtica, visceral y brutal, tan instintual como el animal que todos llevamos dentro y que se rige por necesidades tan primarias como sobrevivir, comer o procrear. Una similitud muy bien lograda por un excelente guión, que toca toda la escala de las miserias y grandezas humanas, pero sin caer en ningún momento en un juicio moral. Arrolladora.
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